El lema internacional de la Semana Mundial de la Salud Mental Materna 2026 —#ConnectTheDots (“Conectar los puntos”) y el lema latinoamericano ACTUAR en una misma sintonía, proponen una guía concreta: Acompañar, Contener, Tender redes, Unir la salud física con la mental, Alojar el malestar y Reconocerlo.
En este maco, los especialistas advierten que la mayoría de los casos de depresión durante el embarazo y el posparto no se detectan a tiempo. Su impacto va más allá de la madre: afecta el desarrollo de los bebés y representa un problema de salud pública.
“Se estima que entre el 50% y el 75% de las depresiones posparto no son diagnosticadas ni tratadas”. Así lo advierte Natalia S. Diaz Juszkiewicz, Vicedirectora de la Licenciatura en Psicología a distancia de Fundación Barceló y especialista en salud mental materna, quien subraya que detrás de esa cifra hay mujeres que siguen funcionando hacia afuera, cumpliendo con sus responsabilidades, pero con un alto costo emocional.
“Existe una expectativa muy instalada de que la maternidad debería vivirse con plenitud, amor y felicidad permanente. Entonces, cuando eso no ocurre, muchas mujeres minimizan lo que sienten, lo ocultan o lo viven con culpa”, señala. “Se estima que alrededor de una de cada siete mujeres tiende a desestimar su propio malestar, lo que retrasa la búsqueda de ayuda. Lamentablemente, el silencio no protege: aísla y profundiza el sufrimiento” , advierte la especialista, evidenciando que el problema no es sólo clínico sino también sociocultural.
Los trastornos más frecuentes, a veces asociados a la experiencia del parto, son ansiedad, depresión y estrés postraumático. La especialista señala que, según registros del Sistema Informático Perinatal (SIP), en los últimos años se han reportado en Argentina situaciones de consumo problemático de sustancias durante este período, lo que constituye un fenómeno que requiere especial atención.
Las consecuencias de estas situaciones no se limitan a la madre. La evidencia científica muestra que la salud mental materna impacta directamente en el neurodesarrollo infantil: se asocia con dificultades en el apego, mayor reactividad al estrés, alteraciones en la regulación emocional y efectos sobre el desarrollo del lenguaje y las funciones cognitivas.
Por último, la especialista concluye “Que podamos mirar la maternidad con más humanidad, compasividad y compromiso. Y, sobre todo, que cada mujer que esté atravesando este momento pueda saber algo muy importante: lo que le pasa merece ser escuchado, acompañado y cuidado. Porque cuidar la salud mental materna no es solo una tarea individual: es una forma de proteger a las infancias y el futuro de nuestro país”
Gentileza del Lic. Ignacio Montenegro. Fundación Barceló. Mayo 2026




