Octubre es el Mes de Concientización sobre las Pérdidas Gestacionales, Perinatales y Neonatales e invita a poner en palabras experiencias que todavía suelen transitarse en silencio y a revisar cómo acompañamos, tanto desde el entorno cercano como desde los equipos de salud.
Las cifras que aparecen en las estadísticas oficiales muestran solo una parte del fenómeno, ya que las pérdidas tempranas no se registran de manera sistemática, por lo que muchas de ellas no aparecen en los registros, aunque el dolor que producen sea igual de real.
“En la perinatalidad, muchas veces se supone que el dolor debería guardar relación con las semanas de gestación, con el tiempo que el bebé vivió o con la posibilidad de haberlo conocido. Sin embargo, para quienes atraviesan una pérdida, el vínculo no comienza necesariamente con el nacimiento”, explica la Mgter. Natalia Díaz Juszkiewicz, vicedirectora de la Licenciatura en Psicología a Distancia de Fundación Barceló y cofundadora de la Asociación Interdisciplinaria de Salud Mental Perinatal (AISMP).
Una pérdida gestaciional no implica únicamente la interrupción de un proceso biológico: también puede significar la interrupción de un futuro imaginado en función de las expectativas, proyectos y representaciones alrededor de la llegada de un hijo.
En cada familia, las pérdidas gestacionales tempranas o tardías, así como las pérdidas perinatales y neonatales, dan lugar a procesos de duelo distintos. La evidencia científica asocia estas experiencias con síntomas de ansiedad, depresión y estrés postraumático, aunque los especialistas remarcan que el duelo en sí no es una enfermedad ni tiene un tiempo estándar.
“Puede haber períodos en los que la persona necesite conectarse intensamente con lo ocurrido y otros en los que necesite recuperar actividades, vínculos y espacios de su vida cotidiana”, señala Díaz Juszkiewicz. Fechas significativas, un nuevo embarazo o el nacimiento de un bebé cercano pueden volver a movilizar esas emociones meses o años después.
La falta de reconocimiento social de estas pérdidas suele hacer que las familias sientan que deben justificar su dolor o, directamente, dejen de hablar de lo ocurrido. Por eso, no hace falta encontrar una explicación ni un lado positivo: alcanza con la presencia respetuosa y la posibilidad de hablar sin ser juzgado. Cada familia, en el momento de la pérdida, debería poder tomar sus decisiones sin presiones de ningún lado.
En Argentina, la Ley 27.733, conocida como Ley Johanna, establece procedimientos médico-asistenciales para la atención de mujeres y personas gestantes frente a la muerte perinatal. Entre otros aspectos, contempla el derecho a recibir información, acompañamiento psicológico, la posibilidad de tomar contacto con el cuerpo sin vida del bebé y recibir información vinculada con la lactancia.
Para Díaz Juszkiewicz, avanzar hacia una atención integral requiere además fortalecer la formación de los profesionales y el trabajo interdisciplinario entre obstetricia, neonatología, enfermería, psicología y otras especialidades. También supone cuidar a quienes acompañan estas situaciones. “Quienes trabajan en obstetricia, neonatología o enfermería también pueden verse profundamente afectados. La capacitación inicial y continua, las simulaciones clínicas interprofesionales y los espacios de reflexión después de situaciones particularmente difíciles pueden contribuir a fortalecer a los equipos”, explica.
Los especialistas recomiendan buscar acompañamiento profesional cuando la angustia interfiere de forma persistente con la vida cotidiana, cuando aparece un aislamiento intenso o ante antecedentes de salud mental, pérdidas recurrentes o poca red de apoyo.
“Necesitamos construir una cultura en la que las pérdidas gestacionales, perinatales y neonatales sean reconocidas sin tener que justificar el dolor que producen. El duelo no es una escalera y no existe una única manera de atravesarlo. Cada familia necesita ser escuchada en su singularidad”, concluye Díaz Juszkiewicz.
Acompañar no significa quitar el dolor, sino ofrecer un espacio en el que ese dolor pueda ser reconocido, expresado y sostenido.
Gentileza de María. Fundación Barceló.




