Junio es el Mes del Cuidado de la Fertilidad, una fecha que busca promover una mirada integral sobre
la salud reproductiva desde una perspectiva preventiva y de cuidado.
En Argentina se realizan alrededor de 32.000 procedimientos de reproducción asistida por año, según el último Registro Argentino de Fertilización Asistida (RAFA).
Los avances en medicina reproductiva han sido significativos, sin embargo el impacto emocional de estos tratamientos suele quedar en segundo plano. Muchas personas abandonan los tratamientos por motivos psicológicos antes que por complicaciones clínicas, y el acompañamiento en salud mental sigue siendo una excepción dentro de estos procesos.
“Los desafíos en fertilidad pueden ser experimentados como una disrupción en la historia vital, que afecta las expectativas y la planificación del futuro de las personas”, explica la Lic. Agostina Giraldez, psicóloga perinatal y docente de la Licenciatura en Psicología de Fundación Barceló.
Las técnicas de reproducción humana asistida de baja complejidad incluyen prácticas menos invasivas; las de alta complejidad implican intervenciones físicamente más demandantes, como estimulación ovárica con autoinyecciones, extracciones de óvulos o embriones, y la repetición sistemática de procedimientos médicos
cuando los resultados no son los esperados.
En Argentina, la Ley 26.862 garantiza el acceso a tratamientos de reproducción asistida. Sin embargo, el acompañamiento en salud mental todavía no suele formar parte central de estos procesos.
Estudios sobre infertilidad y tratamientos de reproducción asistida muestran que estas condiciones pueden
afectar significativamente la calidad de vida, generando ansiedad, estrés, frustración y síntomas depresivos que derivan en el abandono de los tratamientos.
El psicólogo especializado en esta área no solo ofrece contención emocional, sino que también ayuda a procesar los duelos por intentos fallidos, las fantasías y las ansiedades que surgen a lo largo del tratamiento, y funciona como un puente entre el abordaje clínico y la experiencia humana de quienes la atraviesan.
Por eso, la especialista subraya que “el abordaje de la fertilidad debe ser interdisciplinario, evitando reducirlo a una mirada puramente biológica y cuidando el bienestar emocional de quienes buscan, a través de la ciencia, cumplir el deseo de formar una familia”. Incorporar la salud mental como parte estructural de los tratamientos reproductivos no es un lujo: es una condición necesaria para que más personas puedan sostener el proceso hasta el final.




